Recuerdo en mi primer viaje a Brasil el impacto que me causaron las ventajas culturales y estéticas del mestizaje. Las tesis del supremacismo racial no resisten un paseo por la playa de Copacabana o de Itapuã, ni tampoco resisten al deleite de la más variada música de su fértil riqueza cultural.

mestizaje

Aunque la Iberofonía sea estrictamente una definición objetiva del espacio multinacional donde se habla portugués y español, existe un hecho diferencial antropológico que dota de una identidad adicional a dicho espacio: el mestizaje. Las características mestizas de la civilización ibérica, así como las necesidades de una colonización masculina, a diferencia de la familiar anglosajona, crearon una tendencia al mestizaje. Mestizaje que no sólo es unidireccional.

El indio, en menor medida, y el negro, en gran medida, también civilizaron. Dieron grandes aportes a la cultura iberófona. Incluso hubo mestizaje entre negro e indio, así como entre negros de etnias distantes de África.

El colonialismo patriarcal ibérico fue discriminatorio y esclavista, salvo contadas excepciones, pero no institucionalmente genocida y segregacionista como el colonialismo anglosajón. No obstante, la opinión pública piensa lo contrario, y con total naturalidad los western de Telemadrid a la hora de siesta no se nos indigestan, dado que los frutos de la leyenda negra han dejado todo un poso cultural.

La violencia del primer mestizaje, durante muchos años, y siglos, convivió con todo tipo de mestizaje consentido, romántico, entre diferentes, pero también como forma de negociación entre la subalterna y el colonizador. No se trata de ver quien fue más o menos cruel o explotador, sino de analizar todas sus vertientes desde un punto de vista científico. Una de las herencias más evidentes es la mezcla racial y la expansión de las lenguas ibéricas. El Imperio español y portugués generó unas herencias, al igual que el Imperio Romano, que a pesar de haber generado destrucciones de civilizaciones previas, debemos saber aprovechar las ventajas de la herencia mestiza.

Los portugueses llamaban “cafrealización” al proceso en que portugueses aislados del sistema colonial asumían valores y culturas africanas en un proceso donde lo dominante era lo africano y lo subalterno era lo ibérico-portugués.

Según el profesor Boaventura De Sousa Santos, el mestizaje no es ausencia de racismo sino otra forma de racismo. Un racismo que destruyó dualidades raciales y que hoy, en un mundo democrática, crea la posibilidad de vivir una interracialidad democrática y voluntaria. El mestizaje crea una “clase media” racial que puede servir de contención al segregacionismo, sin embargo no supone ninguna vacuna contra el racismo cuando la desigualdad económica se cruza con la racial. De hecho, siguiendo con el ejemplo de Brasil, cuando se eliminó la esclavitud, no hubo ningún programa social para la integración en la sociedad en términos de vivienda, educación y en definitiva por pura justicia. En aquel momento nació el problema de las favelas. Todavía se tiene una deuda histórica con las comunidades indígenas y afrodescendientes.

El iberismo y el paniberismo no es ni anexionismo ni colonialismo.

Como decía en un reciente artículo “poco sentido tiene calificar de “anexionismo” al iberismo cuando la mayoría de iberistas somos apasionadamente “lusófilos”. Todo lo contrario: es mucho más fácil acusarnos de ‘agentes’ de Portugal en España, dado que promovemos el liderazgo y la expansión cultural y lingüistica lusa en el conjunto peninsular y en el mundo”

El paniberismo debe valorar y tener una nueva mirada al mundo africano, evitando paternalismo y creando las condiciones para el desarrollo.

Conviene recordar que el paniberismo no es colonialismo. Se reconocen las soberanías, se respetan y se buscan relaciones win-win, de beneficio mútuo.

Al contrario de lo que se piensa, es mucho más colonialista tener una actitud altiva y de desden hacia esas áreas geográficas. Olvidarse de nuestros lazos, no sólo no hace más progresista a una persona, sino que ejerce un eurocentrismo por omisión.

Identidades de ida y vuelta. Construir ciudadanía iberófona.

Al igual que las canciones, que las hubo de ida y vuelta, las históricas relaciones iberófonas trajeron cambios en las metrópolis, como por ejemplo en los cultivos, las vestimentas y las costumbres. Muchos cambios, desconocidos hoy en día, se piensan erróneamente que han formado parte del paisaje autóctono desde siempre. El jefe del Estado español, Felipe VI, señalaba, en la pasada Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Índias, que España es “una nación que además de europea se siente americana”, añadiendo que “España no se puede entenderse sin Iberoamérica”. Una visión que probablemente sea más personal que la asumida por la opinión pública, pero no por ello deja de ser acertada.

En la misma cumbre, Marcelo Rebelo de Sousa se identificaba con el “espíritu de comunidad” que allí había visto, aunque todavía no lo calificaba de “comunidad” en términos estrictos. “Dimos un paso hacia el futuro. Después de 25 años de historia del bloque iberoamericano, era preciso crear una comunidad, porque no la tenemos. Tenemos una conferencia, pero no hay una comunidad, que implica más conocimiento recíproco, más relaciones económicas, financieras, culturales y sociales, y movilizar a más jóvenes. Crear esa realidad entre los pueblos ha sido una prioridad”, sentenciaba el presidente de la República Portuguesa.

El Movimiento Ibérista aspira crear esa comunidad ibérica, iberoamericana e iberófona, como así se afirma en la Declaración de Lisboa. Una de nuestras señas de identidad es la integración mediante mestizaje de las comunidades de emigrantes iberófonos, ya sea en Europa, en América, en Ásia o en África. De hecho es importante conseguir liderazgos y simpatías entre las familias mixtas iberófonas y de descendientes de iberófonos, allí donde estén, para que sirvan de puente y de ejemplo para crear esa identidad de “comunidad”. Esas influencias de ida y vuelta hoy en día en un mundo globalizado son cada vez más intensas.

En ese sentido, en España y en Portugal, una de las misiones políticas del nuevo iberismo es integrar políticamente esas comunidades como un sujeto social prioritario. De ahí que en la Declaración de Lisboa se considere como a “nacionales”, en la defensa de sus intereses, a “los ciudadanos andorranos, portugueses, españoles y los residentes procedentes de países iberófonos”. Es decir, ya estamos creando la semilla de un espacio de libre circulación iberófono, idea que ya se debate en el marco de la CPLP, que evidentemente deberá ser gradual y con mecanismos institucionales para la integración en la sociedad. Probablemente en el futuro haya que renegociar el “Acuerdo de Schengen” para tener en cuenta los espacios geolingüísticos globales.

El reciente secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, señalaba que en toda Iberoamérica, incluyendo a España y Portugal, “no ha surgido populismo xenófobo”. He aquí nuestro hecho diferencial.

Anexo. Por su interés, reproduzco a continuación la explicación de la teoría del hispanotropicalismo (también llamado iberotropicalismo), contenida en el ensayo “Iberismo Multidisciplinar: Historia del Movimiento Iberista, la Iberidad y el Paniberismo”.

“En los años treinta el antropólogo brasileño Gilberto Freyre estudia en profundidad a la generación del 98 (Ganivet, Pío Baroja y Unamuno) y lee a Ortega y Gasset, del que rescata su concepción del hombre mediterráneo, y al hispanocarioca Américo Castro, del que asume el hecho mestizo de la civilización ibérica, idea también presente en Fernando Pessoa (1888-1935), asimismo mantiene un dialogo con su contemporáneo y amigo Julián Marías. Fruto de esta investigación junto a sus estudios norteamericanos de antropología cultural, Gilberto Freyre lanzó su teoría de interpretación de Brasil (“Casa Grande & Senzala”; 1933), y de los pueblos iberoamericanos, llamada lusotropicalismo, hispanotropicalismo o iberotropicalismo (“O Brasileiro entre outros hispanos”; 1975). Gilberto Freyre caracteriza al pueblo ibérico como un pueblo mestizo tendente a mestizarse, adaptarse a los trópicos, mantener valores comunitarios, entre ellos: su propia concepción del tiempo y un “anarquismo constructivo”. Esta teoría es muy actual no sólo para justificar un espacio panibérico común sobre la base de una identidad antrópológica común, sino para comprobar la velocidad con la que la reciente inmigración iberoamericana en España ha establecido lazos matrimoniales con la población española.

casa-grande-e-senzala La obra más importante de Gilberto Freyre y del iberotropicalismo

José Vasconcelos en su libro “La Raza Cósmica” (1925) también reivindicó la mezcla racial frente a las tesis eugenistas en boga en aquella época. Esta teoría encaja como un guante en las sociedades plenamente mestizas, como son las iberoamericanas. No es así en los países iberoafricanos, que no fueron grandes receptores de emigración, salvo las de sus propias antiguas metrópolis. Su mestizaje es limitado. Iberoamérica, por su carácter mestizo y su población afrodescendiente, juega un importante papel de enlace con la África iberoparlante. España ha aumentado las relaciones comerciales y empresariales con Angola, a quien compra petróleo, así como con Mozambique que es un país preferente para la cooperación al desarrollo. No obstante, todavía no se visualiza esa alianza en la opinión pública ni publicada. Quienes siguen de cerca las actividades de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (1996), advierten que, junto a la reivindicación de los valores estéticos y comunitarios africanos, existe la necesidad de hacer posible y de proyectar a África como tierra de oportunidades. Se constata que está poco madura la transición del iberoamericanismo cultural al paniberismo cultural.

Las nuevas generaciones de políticos y diplomáticos de las antiguas colonias africanas abordan la herencia lingüística y cultural colonial, sin perjuicio de la potenciación de las identidades nativas, como un hecho objetivo que, aunque tenga un origen desgraciado, tiene hoy una vertiente positiva a la hora de trazar estrategias y alianzas soberanas en un mundo globalizado. El impacto de las redes sociales en la globalización comunicativa y la movilidad de personas y capital en el espacio iberohablante, refuerzan los intercambios y los lazos comunes.”

Pablo González

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5 comentarios en “Elogio del mestizaje iberófono

  1. Buenos días, Pablo.

    Soy un seguidor habitual del blog pero aquí creo que tengo que hacer unas puntualizaciones:
    -La iberofonía está compuesta de zonas de predominio mestizo, como puede ser México, la mayor parte de Brasil, Colombia, Venezuela o Chile.
    -La iberofonía se compone también de zonas de predominio no mestizo, como puede ser la península ibérica, los países lusófonos de África, muchas zonas de los países andinos y del Cono Sur.
    -Algunos países han adoptado una idea nacional mesticista, como México, heredera directa de las ideas de la “Raza cósmica” que recoges aquí. Pero no necesariamente es la única. Mucho ojo, porque el mesticismo muchas veces degenera en supremacismo mesticista, es decir, la idea de que restarle valor a los indígenas de todos los continentes por su condición no mestiza.
    -Existe un indigenismo americano, un indigenismo africano y un indigenismo europeo. Mi punto de vista, si se quiere que el paniberismo sea una ideología extendida, es no dejar a nadie atrás, sea por su condición mestiza o su condición no mestiza o indígena. Por tanto, hay que valorar a todos y a todo, tener en la mente la idea de “poliidentidad”, que el paniberismo sea un gran paraguas donde entren todos, los mesticistas y los no mesticistas. Un paniberismo mesticista, pero también tri-indigenista.
    Recuerda que en el imperio español, único ejemplo precursor de unidad política paniberófona hasta la fecha, convivían entidades como las “repúblicas de españoles” y las “repúblicas de indios”, muchas veces respetando sus leyes ancestrales, aunque bajo la misma protección militar y todos ellos súbditos de la misma corona. Y por supuesto, sí, existía el mestizaje.

    Tampoco entraría, Pablo, en las guerras ideológicas de los países del núcleo europeo o de Estados Unidos. Lo digo por las menciones que realizas de los “populismos xenófobos”. Son términos que utiliza una de las facciones de los países no iberófonos respecto a otra de sus facciones. No es nuestra guerra, no nos desgastemos con eso.

    En la iberofonía muchas veces hemos tenido populismos xenófilos, de los que tampoco hay que estar muy orgulloso, poniendo por delante o como ejemplo a países extranjeros en todo momento en vez de valorar nuestras tradiciones. Todas las tradiciones: las hispánicas, las americanas, las europeas, las africanas y asiáticas.

    No caigamos en guerras ajenas, construyamos un discurso nuevo. Una iberofonía que sea un jardín de flores de todos los colores donde todo el mundo cuente.

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    1. Agradezco tu elegante y constructiva crítica. Mi visión es desde España para contribuir en lo que no se conoce aquí. Globalmente el artículo merece matices como bien dices. Esos “populismo xenófobos”, queramos o no, son altamente hostiles a las comunidades de inmigrantes iberófonas entonces tampoco podemos pasar de puntillas, puesto que es un ataque a “nosotros”. No nos es ajeno. Y creo que si queremos liderar un nuevo paradigma en la globalización, será como alternativa al liderazgo anglosajón. Saludos.

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  2. Recordemos que el 29% de los latinos estadounidenses votaron a Trump. Y recordemos también que los que ponen el epíteto de “populismo xenófobo” a los movimientos anti-globalización como puede ser el de Trump son los mismos que han instigado y financiado golpes de Estado por toda América Latina durante décadas.

    Por eso digo lo de no meternos en guerras ajenas. Lo más inteligente es formar un discurso propio e independiente donde todos tengan cabida.

    La globalización per se no es un valor positivo si acarrea miseria y desigualdad; hay que ponerle adjetivos.

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    1. El nacionalismo de Trump va a ser útil para romper el “panamericanismo” de las élites latinoamericanas y pacificar las relaciones con Rusia. Así como dotar a la política un aire menos hipócrita. Hasta ahí muy bien, pero los valores de ese señor son ajenos a nuestra comunidad. Y desde luego que no es ningún aliado, salvo porque sea un adversario útil. No veo claro tu discurso, ni a que intereses se ajusta ni que contenidos tiene. ¿Qué estrategia geopolítica propones para hacer realidad el paniberismo?

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  3. La respuesta es compleja. Estoy de acuerdo en muchas cosas de las que dices, y lo que voy a decir tampoco es nada nuevo, pero creo que está bien ponerlo sobre la mesa y de esa manera compartir puntos de vista que pueden ser útiles.

    Se me ocurre definir al paniberismo de forma muy general como la puesta en valor de todo aquello (países, personas, instituciones…) que tiene que ver con el empleo de las lenguas ibéricas, o incluso de todo aquello que ha estado en contacto o manifestado interés en la cultura, historia o personas que han empleado o emplearán las lenguas ibéricas en algún momento. Cada uno puede poner las fronteras en un punto u otro, pero propongo que seamos abiertos. Por ejemplo, las Filipinas dejaron hace tiempo de hablar español, pero el vínculo histórico y cultural con lo ibérico sigue siendo fuerte; ¿están las Filipinas dentro o fuera de los intereses del paniberismo?

    A mí me parece adecuado aproximarnos al asunto imaginándolo como un conjunto de esferas concéntricas, con un núcleo de entidades que tienen más relación con las lenguas ibéricas, y luego, según vamos aproximándonos a las capas externas, situando otras entidades cuya relación con lo panibérico es más difusa. Se puede conceptualizar, por tanto, una frontera abierta y permeable de lo panibérico que además no es fija. Esa frontera puede pasar por encima de muchas entidades con las cuales podemos establecer relaciones. Pensemos por ejemplo en conceptos como la Latinidad. Durántez Prados, en su tesis, incluye un extracto de algún organismo o declaración iberoamericana enunciando que lo iberoamericano es el eje, o debe serlo, de la Latinidad. Así que con esta definición difusa y abierta, lo “latino” (y aquí incluimos a Francia e Italia) es indudablemente un ámbito de interés de lo panibérico.

    Igual que lo “latino” (o “panlatino”) puede ser una de las capas externas de lo panibérico, encontramos que lo “panamericano” puede serlo de igual manera. Así que “las Américas” son también un ámbito superior de interés de lo panibérico (puede haber un panamericanismo paniberista, en el que el liderazgo de EEUU se sustituya o comparta con las naciones latinoamericanas). De hecho, diría que esos son, lo panamericano y lo panlatino, los dos principales “supercuerpos” en los que lo panibérico tiene recorrido y posibilidades de predominancia geopolítica. Se podría añadir un tercer supercuerpo, que es “lo católico” por la histórica vinculación de los países ibéricos con la difusión de la religión católica, y ahí encontraríamos un ámbito de difusión europeo (Austria, partes de Alemania, Irlanda, Polonia…) o asiático (Filipinas) donde también habría mucho que decir.

    Todo esto lo digo para intentar encontrar el punto en común que debe ser el eje del paniberismo, o digámoslo así, de todos los paniberismos. Ese punto en común no es más que una visión estratégica donde todas las entidades o conjuntos de entidades de habla ibérica son el centro de algo, asumen un papel de centralidad, forman un polo. Un polo de poder cultural, económico y político. Este objetivo de consecución o refuerzo de dicho polo es el paniberismo “de mínimos”.

    Ahora, qué ideología se radiará desde ese polo es ya meternos en otra batalla. Porque ideologías hay muchas; de derechas, de izquierdas, liberales, socialistas, tradicionalistas, indigenistas, nacionalistas, latinoamericanistas, españolistas, lusistas, catalanistas, globalistas, panamericanistas. Y puede haber paniberismos con todos esos adjetivos. Lo que veo importante es primero identificar al paniberismo como la actitud que lleve a ese punto en común que reúne a todos (sin casarse con ninguno, y a la vez, casándose con todos), y así formular un paniberismo incluyente, transversal y universal.

    Como bien sabes (por lo que te leo), todas las divisiones políticas internas en las naciones de habla ibérica se aprovechan para atacar a los paniberistas. Algunos portugueses nos llaman españolistas; algunos indigenistas americanos, eurocéntricos; algunos indigenistas europeos, masones o globalistas y así en una interminable acusación entre partes. El paniberismo debería ser suficientemente inteligente para no enfrentarse con ninguna de estas corrientes, y a la vez, incluirlas a todas. Que haya indigenistas paniberistas; que haya latinoamericanistas paniberistas (completamente de acuerdo lo de identificar el triunfo de la CELAC con el triunfo del paniberismo, pero también, por qué no, con una OEA renovada y paniberista), que haya lusistas paniberistas (una CPLP paniberista), que haya hispanistas paniberistas, que haya catalanistas paniberistas, que haya nacionalistas paniberistas. En definitiva, que todos encuentren su acomodo en ese marco común. Paniberismo de mínimos, pero también paniberismo con todos los adjetivos. Porque todas esas corrientes pueden encontrar su acomodo o expresión en el marco paniberista sin problemas e incluso desarrollarse más.

    Aplico esta visión integradora y transversal también a la política exterior. Hay dos paradigmas en lucha ahora, o al menos eso parece: el globalista liderado por las élites radicadas en EEUU y organismos internacionales; y el contestatario, liderado por las élites de China, Rusia (y en general los BRICS) y ahora por ciertos partidos políticos occidentales. Muchos analistas hablan de una transición a un mundo multipolar, y aquí es donde el paniberismo entra en acción al reclamar un legítimo espacio de construcción de un polo, ese polo económico y político del que hablaba antes del que trata el paniberismo “de mínimos”. Aquí volvería a recomendar no casarnos con nadie. Por ejemplo, la facción contestataria podría estar interesada en que el polo de poder panibérico se forme, para debilitar al sistema liderado por Estados Unidos. Un Trump, o quien quiera que sea, partidario del aislacionismo (o eso vendía), puede permitir cierta independencia de las naciones latinoamericanas (y también europeas). Todo ello independientemente del discurso que lance; entiendo que aquí tenemos que velar por nuestros (nosotros los paniberistas) intereses. Pero también podemos pensarlo al revés. La facción globalista estaba permitiendo cierta hispanización de los EEUU que podría entenderse como favorable al paniberismo. Yo no tengo la fórmula mágica de qué facción es la más favorable al paniberismo; tampoco sabría cómo cuantificarlo (o si es posible cuantificarlo). Por eso hablo de prudencia y de transversalismo, tanto en el tratamiento de los movimientos internos como de la política exterior. Hay una expresión en inglés que viene a traducirse por “cabalgar varios caballos”, que creo que es la idea que intento transmitir, hasta que el orden internacional se aclare.

    Por último, también entiendo perfectamente que el discurso se “adapte” al zeitgeist del momento, y por cuestiones de marketing político nos “subamos al carro” de las ideas mayoritarias en un intento de hablar el lenguaje político del momento; pero una cosa es el marketing y otra cosa la estrategia profunda, que siempre es más fría y racional.

    Al final me ha salido un mensaje más extenso del que pretendía, espero no haberte aburrido.

    Gracias y un saludo.

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