El artículo 2 de la vigente Constitución española reza: La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. La diferenciación entre “nacionalidades y regiones” sería el fundamento jurídico del discurso de la plurinacionalidad de España, lo que introduce algunas dudas en cuanto a la jerarquía de dichas naciones y su relación con las regiones y la soberanía nacional. Y quien lleva el discurso hasta las últimas consecuencias, como el caso de Podemos, por pura coherencia está obligado a presentar en público su reforma constitucional o mostrar sus cartas rupturistas.

puzleLa confusión ha llegado a tal extremo que un dirigente del Partido Socialista de Madrid ha sugerido que Madrid se convertiría en una nación, entiendo que lo dice para no ser menos que Cataluña, pero ni siquiera se ha molestado en buscar una fundamentación histórica castellana. En cualquier caso, en ese rio revuelto, los iberistas deberíamos tejer un discurso pedagógico para encajar las piezas del puzle ibérico, siendo conscientes que corremos el riesgo de dividirnos.

En cuanto a hechos culturales y lingüísticos, salvo que se tenga un pertinaz sentimiento localista-particularista-monolingüista, todos debemos reconocer a Iberia como una nación cultural, por sus extraordinarias semejanzas internas, dado que bebemos de las mismas fuentes civilizatorias, hablamos idiomas mutuamente comprensibles y compartimos un privilegiado espacio geográfico peninsular. Dichas semejanzas no presuponen una homogeneidad ni suponen una ofensa a la personalidad histórica de cada territorio.

El vasco sería el único idioma que escaparía a la latinidad hispánica, siendo la más ibérica de todas las lenguas aunque vaya más allá de la Península. No obstante, el País Vasco pasó por una latinización y castellanización incuestionable que forma parte de su cultura.

En cuento a hechos políticos, la nación cultural ibérica está dividida políticamente en Estados (Portugal, España y Andorra) aunque todos formen una unidad cultural indivisible e indisoluble. Dichos Estados están constituidos constitucionalmente en naciones políticas.

Al fin y al cabo, sin menoscabar el plurilingüismo ibérico, existe una nación cultural ibérica, que por devenires de la historia (y otros futuribles), diversos territorios quisieron (y otros quieren) constituirse en Estado independiente. Frente a caprichos de reyes, disputas entre regiones ricas con pobres e intolerancias a nuestra realidad ibérica compartida plural, Iberia debe prevalecer.

Los iberistas deben insistir en la iberidad de los territorios peninsulares (e insulares). Iberia es una nación cultural pluriestatal. El iberismo, en tanto que nacionalismo ibérico, aspira, al final de un proceso gradual y democrático, respetando las soberanías nacionales, como dice la Declaración de Lisboa, a conseguir una “articulación constitucional y confederal de Iberia”, es decir, elevar el hecho cultural-nacional ibérico a un proyecto político nacional, donde converjan en pie de igualdad, las naciones políticas de España, Portugal y Andorra.

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