Quien escribe estas líneas es un madrileño de adopción que profesa mucho cariño por esta ciudad. Por tanto, no poseo ningún prejuicio periférico en contra, aunque soy consciente que pesan mucho sobre la misma.

Además de la variable estratégica de la política de lenguas, que ya hemos tratado previamente, la capitalidad es otra variable cargada de simbolismo que puede jugar un papel clave en la articulación de fuerzas iberistas fuera de los círculos madrileños.

El debate de la capitalidad muchas veces descoloca a los nacionalistas periféricos porque piensan que un Estado común necesariamente tiene que tener  una capital castellana por estar situada en el centro peninsular. Lo lógico no quiere decir que sea deseable dadas nuestras tradiciones secesionistas. De hecho la gran batalla ideológica del iberismo está en el triunfo del proyecto común sin que ello suponga una hegemonía madrileña/castellana.

Es por ello que circulan por las redes varias propuestas de capitalidades o incluso tricapitalidades (como por ejemplo existe en Sudáfrica).

Santiago de Compostela, por su camino  y su lusofonía, es una ciudad candidata a capital, conocida internacionalmente. También lo es Toledo, que trae la ventaja de no perder la centralidad peninsular. Sin embargo su castellanidad levantaría tantas sospechas como si se estableciese en El Escorial de Felipe II.

Andorra la Vella como ciudad neutral ibérica tendría su atractivo dada su catalanidad y su iberidad lingüística. La previsible suspicacia lusa a tener una capitalidad en territorio español jugaría a favor de esta candidatura.

También, como no, Lisboa, para eliminar definitivamente toda sospecha castellana o para convertirla en árbitro de nacionalidades ibéricas con sus tendencias centrípetas y centrífugas. Incluso voy más allá. Dado que no habrá Iberia sin determinación política portuguesa, la propuesta de capitalidad lisboeta es una forma de convencer a los nacionalistas portugueses que Iberia puede ser su Quinto Imperio y que su idiosincrasia e idioma no se pondrán en peligro.

También hay propuestas de triple capitalidad atlántica-continental-mediterránea, con distintas combinaciones: Lisboa-Toledo-Barcelona, Lisboa-Madrid-Andorra la Vella,…

capitales ibericas

Tal y como se afirma en la Declaración de Lisboa, hoy en día con internet, todo puede estar físicamente más descentralizado, pero centralizado en las redes. Incluso puede haber capitales simbólicas como Tordesillas por su histórico tratado luso-español u Olivenza por ser tierra lusa bajo administración española. O apostar por una ciudad (eurociudad) puramente rayana como Badajoz-Elvas.

También hay quien propone Zaragoza, bañada por el rio íber (Ebro), como puente entre Barcelona y Madrid, heredera de la cultura del pactismo del Reino de Aragón.

En definitiva, todo apunta a que Madrid tendrá que pagar un peaje por hacer posible Iberia. A cambio las antiguas periferias deberán sentirse centro y ejercer un liderazgo compartido, abandonando todo discurso de odio o victimismo.

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