Las últimas elecciones autonómicas en Cataluña demuestran que ésta es plurinacional. Existen territorios interiores con hegemonías uninacionalistas catalanas y existen territorios metropolitanos y costeros (Tabarnia) con hegemonías uninacionalistas españolas. También existen terceras vías como PSC y Comuns, que piden que no sean excluyentes. Sabemos que la plurinacionalidad se ha usado para diferentes fines, algunos de buena voluntad y otros con afán de debilitar al Estado-Nación constitucional. Pero el endiablado concepto de la plurinacionalidad, últimamente en desuso por fuerzas ya abiertamente unilateralistas, se vuelve en contra de los independentistas.

Estas elecciones han puesto en evidencia que Cataluña no es una realidad uninacional, sino plurinacional. Esto la diferencia de Portugal, aunque ambas sean condados con prisas separatistas. Y evidentemente también se diferencia en que el condado catalán, en sus avatares de la Historia y confluencias con Francia, nunca fue reconocido internacionalmente, tampoco por el Vaticano, como Estado.

A pesar de contar con minorías iberistas, Portugal es la única nación ibérica uninacional, no sólo en términos constitucionales, sino también en sentimientos de arraigo medieval. No es de extrañar puesto que el Estado portugués, no nace de un paradigma incorporativo de otros reinos peninsulares cristianos, como sí ocurrió con el complejo estatal castellano. Nace de un paradigma separativo del Reino cristiano de León, aunque sí incorpora el reino musulmán del Algarve, en su reconquista, en paralelo, al sur. Posteriormente, a la sazón, elevará a Brasil a reino-metrópoli por la huida de la familia real portuguesa por la invasión napoleónica.

La secular crisis de la nación constitucional española, desangrada por guerras civiles carlistas y no carlistas, entendida como una parte sesgada de la nación ibérica, hace que muchos conviertan la necesidad en virtud. La constatación de los fuertes apoyos populares nacionalistas y la necesidad de dialogar hacen que algunos conviertan en virtud la plurinacionalidad de España. El problema es que esa plurinacionalidad política, simbólicamente reconocida en el escudo nacional, como herencia de antiguos reinos incorporados, y en el artículo 2 del título preliminar de la Constitución cuando diferencia “nacionalidades y regiones”, es el terreno de feroz disputa por la soberanía política: esencia del poder constituyente. El 1 de Octubre fue precisamente eso: la toma del poder político de una parte sobre el todo constitucionalmente constituido.

A pesar de la pérdidas de apoyos a la Constitución, cuyo apoyo mayoritario permanente siempre es deseable, incluso necesario a lo largo del tiempo, lo cierto es que mientras se profundicen las divisiones, es precisamente la Constitución el mejor acuerdo posible hasta que venga otro con un apoyo mayor.

tabarnia

Sin embargo, en este escenario, si queremos pintar algo en el mundo, es necesario clarificar y naturalizar la pluralidad interna peninsular pero al mismo tiempo ser pedagógicos que lo difícil, heroico y generoso es ponerse de acuerdo para compartir territorios en pro de un bien común. Es en ese camino iberista, donde educación, medios de comunicación y ejemplo institucional juegan un papel clave para reconstruir Hispania-Iberia.

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Un comentario en “Cataluña plurinacional, Portugal uninacional

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