Desde los años noventa se suele decir que “Europa ha matado al iberismo”. Lo cierto es que gracias a Bruselas, el iberismo ha cumplido una parte de su programa especialmente a lo que se refiere a la movilidad completa de mercancías, capitales y personas. Este hecho hubiese sido inimaginable entre Madrid y Lisboa. Todo lo conseguido hay que preservarlo. Sin embargo, el iberismo no se agota con el europeísmo. Hay una agenda intraeuropea y extraeuropea netamente ibérica a la que debíamos de dar respuesta sin necesidad de nuevas cesiones de soberanía. Se trata de coordinarnos en una estrategia común. Una estrategia de mejor conocimiento interno peninsular, apoyo mutuo y proyección iberófona internacional.

union

Hoy en día está de moda decir que la Unión Europea ya implica una confederación ibérica. En círculos iberistas esto significa “pasar pantalla”: superar la propuesta de confederación ibérica. Esto no es cierto porque una confederación ibérica implica un nivel IBÉRICO de exclusividad y bilateralidad, que hoy por hoy NO EXISTE. Lo que hoy existe es una multilateralidad entre 28 Estados: una macroconfederación continental (tratados intergubernamentales). Las decisiones y estrategias se consensuan a 28, y no a 2. No se trata de hacer una confederación ibérica en oposición a la europea, todo lo contrario: son perfectamente compatibles. Cada una cumple su función. Y la confederacion ibérica cumple su función dentro de la europea y fuera de la ella. La confederación ibérica tenía sentido antes de la UE, la tiene durante la UE y si algún día el proyecto europeo fracasase: tendrá sentido después de la UE.

La clave de hoy es tener instituciones confederales exclusivas ibéricas, sin perjuicio de mayores profundizaciones federativas del marco europeo o de ulteriores sueños de unificaciones soberanas pacíficas y voluntarias. Lo que urge es una conexión política permanente entre Lisboa y Madrid, de igual a igual, con protagonismo de la región ibérica de La Raya, sin necesidad de mediaciones con Bruselas. Sin disolvernos en la multitud de países del continente. Europa contiene al iberismo, pero no lo agota. Y el paniberismo lo desborda con claridad. Nuestra cultura tiene elementos europeos y extraeuropeos. Necesitamos crear una comunidad ibérica de sentimiento y cultura como tarea previa y paralela al proceso político.

Hay mucho trabajo por hacer en coordinación de estructuras de Estado, opinión pública, memoria colectiva y educación en clave ibérica. Y para eso sólo hace falta tener un tratado de cooperación ambicioso y estratégico subregional ibérico (incluyendo a Andorra), con el apoyo de aquellos medios de comunicación que quieran también transformarse en ibéricos. Y esto puede hacerse perfectamente en el marco confederal europeo y no se nos antoja que sea poca cosa.

Pablo González

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