El Ejercito de Brasil se convierte en el Partido de Bolsonaro y será responsabilizado por la desproporción de muertes y el caos

La responsabilidad política, que está adquiriendo el Ejercito de Brasil (ampliable a la Policía Militar), en el proceso político, es cada vez mayor. De tutor del proceso de exclusión de Lula de las elecciones, el Ejercito ha pasado a ser el partido político bolsonarista, tras la ruptura del presidente con su partido PSL. El Ejercito es quien le ofrece cuadros administrativos. Antes ya lo hacía, pero ahora lo hace en solitario (acompañados de un puñado de representantes de la vieja política fisiológica). De otra forma no tendría alternativa. Lo que sí tiene es su agitprop dopada por redes sociales a través del Gabinete de Odio y el sebastianismo popular bolsonariano.

La cúpula del Ejercito le gusta el poder y las bases militares (soldados y policías) apuestan por una radicalización nazifascista. Esta presión desde abajo hace que la parte de arriba juegue abiertamente a un apoyo o, en el peor (mejor) de los casos, una neutralidad en caso de que Mourão sea el beneficiario (esto es así en un impeachment convencional).

Las muertes adicionales a la pandemia, por puro boicot del confinamiento o por incompetencia, serán apuntadas en la cuenta del Ejercito. La inversión de valores de Bolsonaro, con la retaguardia cubierta por el Ejercito, hace imposible que la presión democrática para que rectifique y se modere surta efecto. La virtud para Bolsonaro está fuera de la democracia. Así es imposible el juego democrático.

El pueblo brasileño no merece un idiota nazifascista que aboga abiertamente por envenenar a la población con la cloroquina, por difundir el virus y por someter a la población a un caos nazista. La revolución de los rencorosos por fracaso propio sólo conduce a la destrucción y la autodestrucción.